Ama y acepta tu cuerpo

CUerpo de mujer

La importancia de reconocernos en nuestro cuerpo para encontrar nuestra verdadera esencia

El miedo es un monstruo que nos persigue a todas en algún momento de nuestras vidas. A veces nos hace sentir tan pequeñas, tan vulnerables, que nos cuesta reconocernos en el cuerpo que habitamos. Nos sentimos desconectadas de él, como si fuera un objeto extraño que debemos controlar, moldear y transformar para que se adapte a los estándares de belleza que nos impone la sociedad.

Pero aquí está la verdad: tu cuerpo es el lugar donde habitas. Es el hogar de tu ser más profundo, de tu esencia, de tus emociones, de tus sueños. Negarte a reconocerte en él es negarte a ti misma, a tu historia, a tus raíces. Es como si quisieras cortar las ramas de un árbol y esperar que siga creciendo fuerte y sano.

Sé que esto puede sonar difícil, especialmente si has sufrido trastornos con la alimentación, como yo, por eso puedo entender. La anorexia, la bulimia, la ortorexia y otros trastornos alimentarios son una forma de desconexión, una forma de escapar de la realidad, de los miedos, de las emociones que nos resultan difíciles de gestionar. Son un grito desesperado de ayuda, de amor, de reconocimiento.

Deja de hacerte daño

Aquí está otra verdad: tú eres mucho más que tus trastornos alimentarios. Eres una mujer exigente, sí. No solo contigo misma, sino con el mundo que te rodea. Eres una mujer valiente, que ha enfrentado sus miedos más profundos, que ha luchado contra la oscuridad y que ha salido victoriosa. Eres una mujer que merece amor, aceptación y respeto, no solo de los demás, sino también de ti misma.

Por eso, te invito a que te reconozcas en el cuerpo que habitas. A que te mires al espejo y te des cuenta de que eres hermosa, no porque cumplas con los estándares de belleza impuestos por la sociedad, sino porque eres única, porque tienes una historia que te hace especial, porque tienes una luz que brilla desde dentro.

Conéctate contigo

Te invito a que aceptes tu cuerpo tal como es, con sus virtudes y sus defectos, con sus curvas y sus formas, con sus cicatrices y sus heridas. A que lo ames con todo tu ser, como amas a un ser querido, con ternura, con paciencia, con comprensión. A que lo cuides y lo nutras, no porque quieras cambiarlo, sino porque quieres darle/darte lo mejor.

Te invito a que te reconectes con tus emociones, con tus sentimientos, con tus necesidades. A que te des el permiso a bajar el listón de la exigencia contigo misma, a que te aceptes. Ya está bien de ser tu enemiga, es el momento de ser tu MAYOR Y MEJOR AMIGA. Hacerte daño a través de la alimentación a ti misma es de tener mucho miedo a ti, lo he vivido. Me he hecho mucho daño, he ingerido bolsas de cacahuetes hasta acabar vomitando, me he tomado los sobres de las infusiones de diuréticos a cucharadas, he dejado de comer porque sí… hasta llegar al desmayo. He pasado por ahí.  He ido de consulta en consulta buscando soluciones, exigiéndoles a mis padres hasta la desesperación, castigándoles en muchas ocasiones… Hasta decir: BASTA YA.

Ese día, en la consulta del endocrino me esperaba una psicóloga. No recuerdo su nombre,  solo su aspeto. La consulta era un lugar seguro para mí porque ya la había visitado en muchas ocasiones, sin embargo, aquel día fue especial.  Estaba ella esperándome. Morena, pelo rizado (creo), lo que si recuerdo bien eran sus labios rojos y sus uñas rojas. Me invitó a que me sentará en la camilla, se sentó a mi lado. Con voz dulce y firme a la vez, me dijo: “No hay más solución,  o decides poner de tu parte o te ingresamos”.  No le hizo falta seguir hablando. Con sólo una frase había hecho click en mí. Yo que tanto me jactaba que me habían cambiado en varias ocasiones de psicólogo porque “los engañaba”… ingenua, sólo me estaba engañando a mi misma. 

Te invito a conectar contigo a través de esta meditación, siéntela.

Sé tu mejor amiga, no tu enemiga

Hoy te escribo a ti, que puedes estar mirando tu cuerpo y castigándolo. O quizá no eres capaz de mirarte por miedo. Tu cuerpo, tú eres única, mágica, especial. Te mereces vivir feliz contigo. Acepta y desde ahí, puedes hacer tu proceso, empezando por quererte, por amarte cada día, con cada palabra, con cada mimo, con tu alimentación.

Yo aprendí a comer, aprendí a equilibrar, a darme el permiso a comerme un croissant de chocolate. Durante un tiempo,  lo partía en 5 trocidos y cada noche, disfrutaba mi porción como si fuese el mayor placer de la vida. Mientras te escribo puedo saborear, esos croissants que me compraba en Almería  en Don Croissant, me llevaba a casa una bandeja de varios. Pase de engullirlos con culpabilidad a celebrar el momento, a disfrutar y honrarme. Volví al deporte con consciencia, para estar sana, para parecer sana y mirarme al espejo con cariño. Unas épocas hago más deporte, otras estoy más perezosa, ahora, cada día hago algo, porque lo hago para mí. Igual que me ducho, me lavo los dientes, paro para mí, para escuchar a mi alma, también cuido mi casa, mi cuerpo.

Si, sientes que no puedes, si puedes. Transforma el no en si, aquí estoy para escucharte, te entiendo.

Ámate en todo tu SER, ama tu casa y respétala.

Un abrazo de luz,

Isabel María 🌸  

Terapeuta Holística – Coach de Equilibrio 💌

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