para convertirme en la dueña de mi propia calma
«Dormir es perder el tiempo». Durante años, esa fue mi religión.
Si estás leyendo esto y te sientes identificada, probablemente eres de las mías: una mujer tenaz, orientada a resultados, esa «roca» en la que todos se apoyan. Pero hoy quiero hablarte de algo que solemos ignorar hasta que es tarde: el Burnout. El agotamiento no es una medalla de honor, es una señal de que te has perdido en el ruido.
Mi etapa como «el demonio de Tasmania»
En mi formación de coaching me pusieron un mote que me definía a la perfección: el «demonio de Tasmania». Siempre acelerada, siempre un paso por delante de mi propia esencia. Para mí, la productividad era un mandato y el descanso, una debilidad que no me podía permitir.
Mi cuerpo, sin embargo, ya estaba intentando hablarme, aunque yo no tuviera el diccionario para traducirlo:
- En mis clases de Tai Chi, mi maestra me repetía una y otra vez: “Relaja”. Pero mis hombros y mi nuca estaban siempre en tensión, sosteniendo una armadura invisible que me pesaba toneladas.
- En Spinning, creía que «paraba» el ruido mental, pero solo estaba agotando la máquina para no escuchar el silencio.
- En Yoga, mientras los demás habituaban su respiración, yo organizaba mi agenda mentalmente, sintiéndome culpable por «no estar haciendo nada productivo».
Incluso la meditación me parecía una tortura. Solo la usaba como un somnífero cuando mi cuerpo colapsaba, pero mi mente se resistía a rendirse.
El estrés invisible: Cuando el cuerpo dice basta
Mi relación con el silencio no fue un flechazo; fue una conquista lenta y, a veces, dolorosa. El Burnout o síndrome de desgaste profesional no llega de repente; se cocina a fuego lento en el «tragar» situaciones que no nos pertenecen. En mi caso, la parálisis y el nudo en el estómago fueron los gritos de un cuerpo que ya no podía más.
Todo cambió cuando llegué a Ginebra. El silencio de las montañas y la calma del lago Lemán me obligaron a encontrarme con un vacío que ya no podía llenar con tareas.
Aprendí que el silencio no muerde; el silencio te libera.
Mi Método STOP: Una vía de salida al Burnout
Hoy, después de más de 550 horas de coaching desde mi llegada a Suiza y de recuperar mi propia Soberanía, acompaño a otras mujeres a través del Método STOP. Un proceso diseñado para pasar del silencio que aísla (el del agotamiento) al SILENCIO que te libera.
Mi enfoque no es solo técnico, es una Visión 360° que conecta lo profesional con lo humano, ayudándote a:
P– Recuperar tu Presencia Soberana.
S– Identificar el Silencio que sana.
T– Traducir los avisos de tu cuerpo.
O– Observar tu Esencia sin armaduras.
¿Estás lista para volver a casa?
Si sientes que tu «armadura» pesa demasiado y el estrés se ha vuelto crónico, quiero decirte que el camino de vuelta no se hace sola. No esperes a que el Burnout decida por ti.
Menos ruido, más TI. Te invito a que te permitas un STOP. Si quieres que te acompañe a liderar tu vida desde tu esencia y no desde el agotamiento, escríbeme o reserva tu sesión de claridad. Bienvenida de nuevo a ti.].
Menos ruido, más TI. Bienvenida de nuevo.
Te dejo una meditación para que hagas hoy una pausa que te acerque a ti: