y empecé a correr para encontrarme
Domingo, 6:13 de la mañana.
Podría ser un domingo más… pero no. Es un domingo único y, solo por el hecho de estar hoy aquí, ya merece la pena el madrugón.
Durante años, te confieso que correr para mí era miedo. Era un «no llego», un «mi cuerpo no puede», un «no valgo para esto». Pero, sobre todo, era la incapacidad de aguantarme a mí misma en silencio. Sí, esa era la «verdadera verdad» que se escondía bajo tantas capas de inseguridad: el pánico a escucharme sin filtros.
Empecé huyendo de mí: corría con música, buscaba el relax… hasta que llegué a Suiza y este país me regaló un espejo donde mirarme. Correr se convirtió en mi terapia; entre lágrimas y entrenos nació mi libro “El Camino hacia ti”. Pero el examen final estaba por llegar.
El fantasma de Kerzers y la «excusa perfecta»
El año pasado, mi marido me regaló por mis 44 años una carrera de montaña en Kerzers. Sufrí. Mucho. Me rendí mentalmente en el primer kilómetro. Por eso, cuando este año me propuso volver y encima doblar la apuesta a 10 kilómetros, mi cuerpo se bloqueó. No era falta de ganas, era miedo en voz alta.
Y como el miedo es muy listo, me trajo la excusa perfecta: una analítica que decía que estaba KO, sin hierro, con las reservas vacías. «Pepe, mis piernas no responden, mira el papel». Pero su respuesta me dejó sin salida: «Hazla a tu ritmo, si necesitas andar, andas». No encontré el consuelo de la rendición que buscaba.
Incluso un incendio en el pueblo me hizo pensar: «La han cancelado». Pero tampoco. El mensaje de la organización fue: «Pedimos comprensión y respeto». El universo me estaba diciendo: «Isabel, no te rindas antes de empezar».
El clic en el baño del tren
Subimos al tren a las 8:24 am. Perdimos el primero por dos minutos. El miedo seguía ahí, apretando. En un momento de agobio, me encerré en el baño del tren para «perder el tiempo» y despistar a la mente. Abrí Instagram y me apareció esto:
«La diferencia real no está en el talento, sino en la mentalidad… en todo lo que estás dispuesto a soportar para lograrlo».

Y pensé: «Es para mí. Dale, Isa».
Abrázate a esa mentalidad que llevas años fraguando. Disfruta de empujar. Se lo leí a mi familia en voz alta, con los ojos empañados, admitiendo que tenía miedo pero que, aun así, iba.
Los 10km de mi Soberanía

La salida fue a las 13h. Un día soleado y festivo, nada que ver con el gris del año pasado.
- KM 1: Nada de KO. Iba a mi ritmo, feliz, escuchando mi respiración acelerada hasta que logré calmarla y decirle: «Vamos kilómetro a kilómetro».
- KM 5: Mi zona de confort estaba creciendo. Me adentré en mí, sonriéndome, aceptando que picaba, pero que podía.
- KM 8 y 9: El cuerpo avisó. La rodilla derecha protestó, luego la izquierda. Las rodillas nos hablan del futuro, de hacia dónde queremos ir. Las escuché. «Venga, un poco más». Empecé a cantar canciones del cole de mis hijos: «1km a pie, salude, salude…».
Escuchar mi nombre
Al entrar al pueblo, las lágrimas cayeron solas. Escuché la megafonía y, de pronto, entre tanto alemán, oí mi nombre: Isabel María. Fue un regalo del cielo. Vi a mi familia a 400 metros de la meta. No pude acercarme a abrazarlos porque mis piernas ya no eran mías; les había dado la orden de que me llevaran a meta y después las dejaría descansar. Tenía que cumplir con ellas.
Crucé la meta. Lo hice.

Lo que me llevo hoy al despacho
Más allá de una carrera de 10k, me llevo el hecho de haberme sostenido en silencio. De saber estar conmigo cuando las cosas están peor y no rendirme.
Esta es la mentalidad que aplico a mi proyecto profesional. Hay momentos duros, de empujar sin recoger resultados, de mensajes sin respuesta… ¿Y qué hago? Aplico lo aprendido en Kerzers. Sigo a mi ritmo, sostengo el inconfort y confío en el proceso.

Hoy lunes vuelvo a remar con la felicidad de haber crecido. Miro mi proyecto de cara y me digo: «Sí, aunque las cosas no siempre salgan como espero ni en el momento que quiero… sigo».
Y tú, ¿qué parte de ti vas a invitar a correr hoy hacia tu propia meta?
🌿 Isabel María
Del silencio que aísla al SILENCIO que te libera.
Mi nombre es Isabel María y acompaño a mujeres líderes a transformar el ruido externo en una Soberanía Personal inquebrantable. Sé lo que es correr para huir de una misma, y sé lo que es cruzar la meta tras haber aprendido a sostenerse en el silencio.
Mi metodología STOP nace de la necesidad de dejar de sobrevivir para empezar a liderar desde la esencia. Porque el Burnout no es falta de capacidad, es exceso de ruido y falta de TI.
Si sientes que el ruido de tu día a día ha tapado tu propia voz, es momento de volver a casa. De aprender a comunicarte contigo para liderar tu vida sin filtros ni miedos heredados. Menos ruido, más TI.
¿Estás lista para el reencuentro? Escríbeme “SILENCIO” en los comentarios o por mensaje privado y empecemos a trazar tu propio camino hacia la meta.